Mujer y salud mental

Una de las grandes mentiras asociadas a la enfermedad mental es la creencia de que son personas más violentas que las que no padecen ningún trastorno de esta índole.

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Sin embargo, esa es la imagen que de la enfermedad mental se plasma a menudo en los medios de comunicación y en las ficciones (películas, series). Y, muy a menudo, esa es también la imagen que perdura incluso en los que tratan a diario con estas personas (los profesionales de la salud mental). La realidad es que, si extrajésemos los crímenes violentos cometidos por personas con enfermedad mental, éstos apenas se reducirían un 5%. La gran mayoría están cometidos por personas que no tienen enfermedad mental.

Ah, pero, bien de la cabeza no pueden estar -diremos con razón-. Sí, probablemente algo no irá bien ahí dentro, pero eso no tienen por qué ser enfermedad mental. De hecho, tienen más que ver con la necesidad que tenemos nosotros de encontrar una explicación racional a los crímenes que comenten según qué personas. Pero si lo asociamos a la enfermedad mental, nos estamos haciendo un flaco favor, porque es mentira.

Esta mentira produce que, en el momento en que pensamos en la enfermedad mental, nos vienen a la mente imágenes confundidas con la realidad, prejuicios que nos condicionan a la hora de tratar a estas personas. Por ejemplo, si somos un reclutador profesional para una empresa, descartaremos a las personas que padezcan algún tipo de trastorno mental. No sólo el 85% de las personas con un diagnóstico mental no tienen trabajo, sino que, muy a menudo, las personas que trabajan no pueden decir en su trabajo que lo padecen, a riesgo de dejar de ser tomadas en serio. Y esto compite con la realidad: incluso en puestos de alta responsabilidad y prestigio, hay personas con enfermedad mental. Las hay en todas partes.

Esto en sí ya es un tipo de violencia estructural de doble calado. Los prejuicios y estigmas que alcanzan a estos colectivos especialmente vulnerables se vuelven en contra de las personas que no padecen ninguna enfermedad mental. ¿Cómo? De la siguiente manera. Una persona que empiece a notar síntomas, a raíz de toda esa carga estigmatizadora sobre la enfermedad mental y, además, acentuándolo con la ignorancia que casi todos tenemos en materia de salud mental, hará que deje pasar una media de 10 años hasta que logre un tratamiento, por no hablar de un diagnóstico.

Imaginemos que eso pasase en otros ámbitos de la medicina. Por ejemplo, en la traumatología. ¿Una rotura de fémur? Deja que pasen 10 años antes de ir al médico, a ver qué pasa. Seguramente en ese tiempo tu fémur se soldará. Pero imagina todo lo que habrás dejado de hacer mientras tanto. ¿Qué será lo que te separe de la sociedad -ir a estudiar, a trabajar, salir a la calle, etc.-, la pierna rota o no haber seguido un tratamiento eficaz para solucionar el traumatismo?

Por otro lado, la mentira es aún más perversa, pues resulta que las personas con enfermedad mental suelen ser más a menudo víctimas que agresoras, triste realidad que debería ser erradicada rápidamente. Y en el caso de ser mujer, aún está más extendida.

Abrimos el melón

  • En Europa, 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual procedente de cualquier persona.
  • El 43% ha vivido violencia psicológica dentro de la pareja.
  • En el mundo, 7 de cada 10 mujeres sufrirán violencia física o sexual en algún momento de su vida.

En otras palabras, por estos datos estadísticos, o tú mismo, o alguien que tú conoces y en quien confías, le ha dado por saco a una mujer o le está dando o le dará. O tú misma, o alguien a quien tú conoces, está siendo agredida, o lo ha sido, o lo estará. 

Culpabilización de las víctimas

El quid de la cuestión es que, pese a que cada vez hay más gente que ya no se cuestiona que la violencia contra la mujer es estructural y requiere de una respuesta de todo el sistema, la invisibilidad -y la visibilidad distorsionada- de la enfermedad mental hace que las mujeres que la padecen vean cuestionada sistemáticamente su condición de víctimas porque se argumenta que:

  • Su relato no es veraz debido a la descompensación de la propia enfermedad mental.
  • Son episodios que provocan ellas con su comportamiento.

En otras palabras: te lo has inventado porque estás loca, o porque estás loca y te pones como te pones, te lo has ganado.

Y pa’ encima, como dirían en mi pueblo, a veces, los profesionales de la salud, omiten la búsqueda de ayuda amparándose en el mito de que si se visibiliza una situación de violencia, la mujer se puede descompensar. No hay argumentos científicos que confirmen esta teoría.

En resumen:

  • No sabemos los casos de violencia que están sufriendo las mujeres con EM.
  • No sabemos la violencia que sufrieron en el pasado.
  • No están recibiendo respuesta porque los servicios públicos no están adaptados a sus necesidades.

Para más información, mira esta guía: GUIA_Fedeafes_estudio-violencia-genero-mujeres-con-enfermedad-mental_guia_web