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Cómo combatir la ansiedad

Entre tres usuarios de Ordoiz debatimos la forma de combatir la ansiedad.

Cuando me da el ataque de ansiedad me voy a pasear con el móvil en el bolsillo y hago fotos de lo que me llama la atención: árboles, flores, paisajes y después las paso al ordenador.

A mí me ayuda a estar mejor: hacer espiraciones, leer, oír música.

A mí me ayuda a estar mejor dando paseos con la bicicleta, también me ayuda darme paseos caminando.

Eduardo L.
Eduardo C.
Iñaki

De Días Mundiales y otras cosas

Hoy, día mundial de la salud mental, se va a hablar mucho de… eso, de salud mental. Datos, campañas, novedades e incluso concursos. Tooodos hablando de salud mental. Pero también sabemos que si hay un día mundial es porque nadie le hace mucho caso a aquello objeto del día mundial de marras… you know what I mean.

Y lo que es importante pero no se le hace caso nunca, acaba, tarde o temprano, llamando la atención hasta que alguien lo hace. El que no llora no mama. Aquí y en Pekín.

Así que, aunque nos empeñemos en negar la mayor, la salud mental -algo que todos tenemos-, si no le prestamos la debida atención, puede acabar dando la tabarra en el momento menos oportuno, cual niño berreando mientras intentamos ver el último capítulo de Juego de Tronos.

A mí me pasó con 34 años. No me lo creía. Ni quería tener eso. Le dije a mi psiquiatra que era mentira. Durante años. ¿Cómo iba a querer yo algo que había creído tan malo? Y seguí negando la evidencia hasta que, por insistencia, mi enfermedad me ayudó a ver que no se trataba de luchar, sino de rendirse. Como el que se zambulle en la ola y ésta pasa por encima. No de un rendirse de claudicar, un rendirse de dejar de resistirse. Y ahí empezó mi recuperación.

Si tuviéramos la oportunidad de hablar, de expresar, de dar datos sobre la salud mental, datos de primera mano, reales, fidedignos, no filtrados por la ignorancia o el miedo, otro gallo cantaría. El gallo que anuncia el amanecer.

Si yo o mi entorno hubiéramos sabido… me hubiera ahorrado muchas, muchas lágrimas. Que, de verdad, por mucho que necesitara sacar, no valían la pena.

Cristina García-Aguayo
@cg_aguayo

10.10.17

 

 

 

 

 

Soy cuarentona, ¿y qué?

El tema de la edad es algo que arrastraba desde que era pequeña, siendo la mayor de dos hermanas y encima una niña más desarrollada de lo “normal” para su edad, fui lo que se le suele llamar “ser mujer” a una temprana edad, mis primeros sujetadores a los 11 años por lo que como comprenderéis tenía ya una buena “personalidad”. 

Durante muchos años me estuvo persiguiendo el fantasma de “pareces más mayor” de la edad que tienes pero tranquila. El hecho de simplemente aparentar más edad de la que tenía en aquel entonces me parecía curioso porque en mi interior no acababa de entender cómo se supone que tendría que parecer a la edad que tenía. 

Crecí y me hice adulta con el concepto de que si mi edad tiene que ser determinada por un aspecto o simplemente que la gente tenía que determinar lo que yo aparentaba o parecía era un modelo, que con todos los respetos, a mí no me servía. 

Que significaba realmente para mi cumplir años? Estar viva por lo que un día tomé la firme decisión de plantarme en la distinción de las personas por la edad que tenían, lo cierto es que es cómico que me planté en los 37 años de mi madre y todavía hoy tengo que ir a contar por el año que nació cuantos años tiene y le sumo cuatro y llego a la edad de mi padre, para saber los que cumple mi hermana me resto dos y así sucesivamente. 

Desde el bendito momento que decidí plantarme en cuanto a identificarme tanto a mi como a los demás con la edad, entenderéis que cada vez que alguien me pregunta ¿Cuántos años me echas? No tengo ni idea de que responder pues como es lógico lo mismo que decidí para mi persona lo decidí para el resto, y a pesar de que la gente, normalmente, no me cree, no tengo ni la más remota idea de poner años a las personas, puesto que un día elegí poner vida a los años tanto a los míos como a los de los demás. 

Al elegir que cumplir años para mi significaba estar viva, empecé a celebrar cada cumpleaños mío como un día especial, inolvidable y a celebrarlo con una fiesta o cita especial, los que me conocen saben que en mis cumpleaños les avisaba de que esa semana, tal día era mi cumpleaños, lo curioso del tema es que para mis 40 yo misma me organicé mi propia fiesta “sorpresa” me compré y decoré mi casa con globos y guirnaldas hice la merienda, las invitaciones y lo celebré rodeada de las personas que para mí en aquel momento eran importantes en mi vida. ¿Por qué tenía que esperar que alguien hiciese una fiesta a mis 40 si para ellos no es igual de importante que para mí cumplir años? 

A pesar de que, como podréis imaginar, el cachondeo duró tiempo y que cada vez que podían se reían de mí , simplemente porque hice algo que ellos no hubieran hecho, no por nada, únicamente porque para ellos no era tan importante y esencial como para mí. 

Digo esto porque en mi ser, en lo más profundo de mi alma, sentía que lo mejor de mi vida iba a ocurrir a partir de los 40. 

Y claro, como lo que crees lo acabas creando es lo que ocurrió, me quedé embarazada a los 40 años al segundo intento a pesar de que el entorno me bombardeaba de las maravillosas palabras: mira que a los 40 es difícil que te quedes embarazada porque los ovarios, porque los óvulos por lo que yo que se mas de excusas y justificaciones que me daban. 

Siendo fiel a mi misma y no atendiendo lo que para los demás era su realidad, conseguí quedarme embarazada, sólo, al segundo intento, ante la sorpresa de todos; que claro, luego vino la segunda parte en la que, embarazo de riesgo, ten cuidado y bla bla bla que desde el máximo respeto y cariño digo que las personas deberían meterse en sus asuntos y resolver sus propias vidas en lugar de , disfrazar con palabras tales como : te lo digo por tu bien … o te lo digo porque te quiero etc… poder afectar o incluso influir en la vida de una persona y en mi caso a su vez en la vida del feto que crecía en mi interior. 

Y tras un embarazo lleno de maestría y descubrimiento interior, nació mi hija a los 41 años, con lo que era una madre cuarentona. 

Cuando mi hija tenía cuatro meses y yo tenía que volver al trabajo que en aquel entonces realizaba, entre en un estado de depresión en el que no quería bajo ningún concepto regresar a aquel trabajo ni aquel lugar que ya no era el que sentía que tenía que estar, y como podréis imaginar nuevamente el entorno: mira que tienes una edad que para encontrar trabajo, no hagas locuras etc… Pero en mi línea de seguir mi corazón y lo que mi alma me pedía, decidí ser empresaria y montar mi propio centro de salud, belleza y bienestar, así que ya me veis con mi hija con siete meses inauguré mi propio negocio a los 41 años ya era madre y empresaria. 

Un tiempo más tarde decidí que ya estaba cansada de depender de los transportes para ir y venir o bien depender de la buena fe y el buen corazón de mi padre para que me llevase al trabajo, con lo que decidí que me quería comprar una moto, y nuevamente la reacción del entorno no se hizo esperar, aunque claro, teniendo en cuenta que no había ido en vida en moto y que siempre había tenido un miedo horrorosa, sus comentarios tenían lógica pero a pesar de, alquilé una moto un día y tras un par de vueltas me compré una moto con la que me desplazo actualmente y soy más feliz que una perdiz, y sobre todo a pesar de mis 43 años que tenía entonces. 

Actualmente comparto que soy mujer, tengo 44 años, que he creado mi propia técnica a la que me dedico en alma y corazón que soy madre y que tengo toda una vida por vivir y experimentar y que a pesar de que algunos hombres, me llaman cuarentona, lo soy y con mucho orgullo, me siento mejor que nunca independientemente de mi edad. 

El día que un número te posea te ha ganado la partida, así que amig@ cuando sigues el dictado de tu corazón nada ni nadie te para ni siquiera la edad.

Montse Balada
https://www.facebook.com/montse.balada.7

 

Reyes

Hola, me llamo Reyes y tengo 39 años. Cuando tenía 15 sólo pensaba en pasarlo bien, salir de fiesta, divertirme,  y comencé a consumir tóxicos. Yo no le daba importancia, los demás lo hacían, ¿por qué no yo?
Pero a los tres años mi consumo me llevó a un problema mental. Empezaron las voces en mi cabeza, no sabía qué me querían transmitir, me decían que me suicidaría, pero yo no les hacía caso, quería vivir. Pero fue tal sufrimiento el que sentí que tuve que ir a urgencias. Me ingresaron, y me diagnosticaron. El diagnóstico me derrotó, y me llevó a seguir consumiendo más.
Prefería ser una drogadicta a una enferma mental, pero lo empeoró. Intenté dejar el consumo varios periodos de mi vida, pero los síntomas me hacían recaer en las drogas, hasta tal punto que consumía para vivir y vivía para consumir.
A día de hoy estoy abstinente y tengo una vida normalizada, con mis momentos alegres y mis momentos tristes, pero ahora el vacío que llenaba con drogas para tapar mis sentimientos y percepciones está completamente lleno, porque acepto que soy una perro verde más y mi vida terminará cuando la vida lo diga, no cuando las voces me lo impongan.

Esto te pasa porque tú quieres

A mí me han dicho cosas como que si estoy deprimido es por que me lo podía permitir.
Yo no me puedo permitir tener objetivos, sueños, ilusiones… la mejor manera que tengo de fracasar es pensar que tengo que conseguir algo. Soy mi peor enemigo, nadie me ha tratado tan mal como yo lo he hecho conmigo mismo.
Sin embargo ahora estoy mucho mejor, tengo más autoestima, y a veces, cuando hablo de salud mental con los demás, soy más objetivo y esto me ayuda a compartir mi experiencia personal y ver las cosas desde una perspectiva más próxima a la realidad.
Ahora a mis oscuros pensamientos, aunque no puedo suprimirlos, no les permito que determinen mi comportamiento y consigan hundirme. Hago más lo que debo hacer.

Baron Scarpia

Estigma sobre la enfermedad mental

Nosotros, los dolorosamente llamados “locos”. Parece mentira, pero cuando ocurre alguna agresión o asesinato, los medios de comunicación enferman: “enfermos mentales”. Hala, todos juntos. Pues no, yo, que tengo trastorno bipolar, nunca estuve ingresada en ninguna clínica psiquiátrica y no soy agresiva para nada. Acudo a un Centro de Día donde hay personas con gran inteligencia, gran compañerismo, donde todos somos felices. Nos mantenemos unidos y trabajamos. Por eso pediría que se nos tuviera en cuenta. Ahí no hay agresividad, si bien todos estamos medicados. Quiero decirles que somos gente recuperable y no todos tenemos que llevar ese título tan horroroso como nos califican sin siquiera conocernos. A los medios de comunicación, más consideración, por favor. Aprovecho el día mundial de la salud mental para brindarles un saludo a mis colegas y les digo al público: ponte en mi lugar y conecta conmigo, no somos todos iguales.

Adela Zozaya