Insultos para la gente rara

«Hijo mío, yo no voy a dejar de quererte nunca. Seas como seas. Te querría aunque fueras un asesino. Es sólo que… entiéndeme, se me ha roto el nido. Cuando una tiene hijos, tiene unas expectativas de cómo va a ser. De cómo a a vivir su vida. De cómo le va a hacer orgullosa.

Y necesito tiempo para adaptarme a esta nueva situación. Es cierto que no has hecho nada malo. Pero… No es lo que esperaba y se me ha roto el nido. Necesito un poco de tiempo para adaptarme a esta situación.

Ya te digo, es que la gente te va a hacer daño y yo no quiero que sufras. Que la sociedad es muy cruel y siempre tiene nuevos insultos para la gente que es… rara. No, no rara. Tú no eres raro. Pero sí… Diferente.

Pero mamá te va a querer seas como seas. Ya te digo, si fueras un asesino te querría igual. O un ladrón. Aunque hagas las cosas mal, yo te voy a seguir queriendo igual. Lo que pasa es que necesito un poco de tiempo.

Debe ser que te pareces muchísimo a mí y claro, te gustan las mujeres como a mí y por eso has querido ser… heterosexual».

Imaginad que os pasa esto. Imaginad por un segundo que ser gay o lesbiana es lo «normal» y que ser heterosexual es lo que es lo «raro». Imaginad que tenéis que sentar a vuestra madre y a vuestro padre y decirles «soy gay». Yo tuve que hacerlo. Fue el 2 de febrero de 2002. Tuve que decirle a mis padres que no era «normal». Tuve que escuchar frases como las que habéis leído arriba. Y otras como «siempre lo hemos sospechado pero teníamos la esperanza de equivocarnos».

No os dais cuenta de la suerte que tenéis. Gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Hace 15 años de mi historia. Y es de las flojitas, creedme. Hace 25 años la homosexualidad era considerada una enfermedad. Hace 35 años te metían electrodos en el cerebro. Hace 50 años te mataban por maricón.

En la misma época en la que yo «salí del armario», expresión que odio con todas mis fuerzas; un amigo mío tuvo que escuchar que ser maricón era el castigo de Dios por haber deseado tenerle cuando uno de sus padres era estéril y haber tenido que recurrir a la fecundación in vitro. Y tener que beber agua traída expresamente de Lourdes para ver si obraba el milagro y se curaba. Y tuvo que irse de casa. Y tuvo que romper con su vida.

Querer no es un delito. Querer no es algo que tengamos que ocultar. Querer, siempre que la otra persona quiera con nosotros, es lo mejor que te puede pasar. Y, sin embargo, hay gente que se empeña en poner etiquetas a querer. Querer bien y querer mal. Querer sano y querer enfermo. Y te odian por ello.

Sólo quería contaros mi historia. Intentaros hacer ver que la vida, con odio, es peor. Que nadie debería sentirse «enfermo» porque la gente dice que lo es. Que el amor puede con todo. Y que un «hola» ayuda, mientras que una mirada de asco, mata.

Mis padres han cambiado. Lo han asumido, lo han entendido y ahora sólo quieren que su hijo sea feliz. Les ha costado. Están educados de otra manera. Vosotros, por suerte, estáis mejor educados.

Eso es lo importante: ser feliz. Si todos viviéramos buscando ese fin y ayudando a que los demás lo sean, sin hacerle daño al otro, sin hacer infeliz al otro, las cosas irían mucho mejor. Y nos daríamos más abrazos y menos puñaladas, aunque sean metafóricas.

Vicente Català Torno
@FlanaganMcPhee

 

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