Las palabras que no decimos

Las palabras que no decimos ahogan. Crean una especie de musgo verdusco que nos va invadiendo y crece y crece hasta que es imposible articular palabra. Siempre he creído que hablar hace bien y siempre he hablado con un profesor, un amigo, mi madre, o con alguien que sé que me iba a entender o que me quería lo suficiente para ayudarme. Pero me he dado cuenta de que hablar también sirve para no dejarme nada en el tintero, para poder vivir con la tranquilidad de saber que he dicho a cada persona lo que tenía que decirle a alguien. A veces he dicho un te quiero tan grande como una catedral, pero otras, me he sentado con alguien para solucionar pequeñas cosas pendientes que estaban dentro de mi, agarradas con una espina en mi garganta y que, una vez que las decía me sentía mucho mejor. Incluso he recuperado amistades que, por no hablar, había perdido.

Cuando alguien nos importa, es necesario hablar porque muchas veces, esa gente a quien queremos sufre, siente una impotencia terrible porque quiere ayudarnos y no sabe cómo hacerlo. Cuando hablas, al principio puede costar, pero haciendo el primer esfuerzo, las demás veces va saliendo con más facilidad y, cada vez que lo haces te sientes ligera, mucho más ligera quitándote ese peso de encima. Muchos problemas o sentimientos que creemos enormes, hablándolos, parecen menos graves. Incluso la persona que nos escucha puede ayudarnos a llevar ese peso que nos agobia y hacer que sea más fácil de llevar. Hablar crea complicidad, crea vínculos o crea amistades tremendamente fuertes. Da muchísima tranquilidad saber que tenemos alguien con quien contar.

Yo llevo unos años peleando cada minuto de mi vida por vivir; el cáncer vive muy a gusto en mi cuerpo y tengo que convivir con él e intentar que no me gane cada día la batalla. Es duro y cansa mucho estar cada día como un equilibrista en la cuerda floja, sin saber qué día me fallará el equilibrio y caeré. Es una pesada carga que llevo en mis hombros cada minuto, cada segundo. Es terrible levantarme cada día con la idea de que puede ser el último. Nunca me siento sola porque desafortunadamente, tengo a mi amiga la calavera acompañándome siempre. Por eso, es importante para mí hablar. Porque si no compartiera mis sentimientos o mi carga, muchas veces creo que la batalla habría sido casi imposible de ganar. No quiero irme de este mundo sin decir todo lo que quiero decir. Hablar, es de valientes porque cuando lo haces, estás poniendo tu alma sobre la mesa, tus alegrías , tus dudas y tus miedos más profundos. Yo, las veces que hablo, lo que suelo recibir es un abrazo, de esos que dan calor y te llenan los bolsillos de soles que ,con su calor, te dan energía para seguir adelante. También, las personas con las que hablo, veo que se sienten aliviadas y agradecidas porque están preocupadas por mí y muchas veces no saben cómo ayudarme y eso les crea mucha incertidumbre .

Una vez, alguien me dijo que, guardarse cosas y no hablar, hace que ese musgo verdusco del que os hablaba al principio, puede convertirse en enfermedad y creo que es cierto, sacarse ese musgo en forma de palabras, te deja tranquilo, y vivir tranquilo, es salud.

Estoy convencida de que sois fuertes, sois grandes y sois sabios. Porque todo lo que tenéis que decir, puede enseñar y ayudar mucho a otras personas. Aunque no lo creáis, es así. No os guardéis las palabras, no os ahoguéis. Sois verdaderos héroes y heroínas y tenéis mucho que enseñar. Sólo hace falta, tener la valentía de empezar y yo sé que la tenéis.

Emi Elvira


Imagen sujeta a derechos de la autora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s